Los años 90 fueron convulsos en Venezuela desde cualquier contexto, político, social, económica y por supuesto, en el ámbito criminal, ocurrieron sucesos que asombraron a la opinión pública de aquel tiempo. Uno de los casos más sonados, fue el asesinato de la modelo Marisol Da Silva Viera, una hermosa y esbelta mujer, cuyo femicidio dio de que hablar aquel sábado, 13 de febrero de 1993, y del cual es el tema central de este artículo.
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¿Quién era la modelo del Ávila?

Para entender la magnitud de la conmoción social que generó este caso, es fundamental conocer a la víctima. Marisol Da Silva Vieira era una joven de apenas 22 años de edad, llena de aspiraciones y con un futuro prometedor por delante. Era estudiante universitaria y trabajaba como modelo, destacando no solo por su belleza física, sino por su carisma y vitalidad.
Su entorno familiar y de amistades la describía como una muchacha sana, alejada de cualquier tipo de problemas, profundamente disciplinada y muy aficionada a las actividades deportivas.
Como era costumbre para miles de ciudadanos que buscaban mantener un estilo de vida saludable, Marisol tenía la rutina de visitar El Ávila para trotar y ejercitarse al aire libre, confiando plenamente en la seguridad que, hasta ese momento, parecía garantizar la montaña.
El Día que Cambió Todo: 9 de febrero de 1993
La mañana del martes 9 de febrero de 1993 parecía ser una jornada completamente normal. Marisol se preparó temprano para realizar su acostumbrada caminata matutina.
En ese momento, la joven comenzó su ascenso con la intención de completar su rutina habitual de ejercicios.
Sin embargo, el tiempo comenzó a transcurrir y Marisol nunca regresó a su hogar.
A medida que las horas pasaban y la noche caía sobre Caracas, la ausencia de comunicación encendió las alarmas de su familia. La incertidumbre dio paso a la desesperación; la modelo había desaparecido sin dejar el más mínimo rastro en uno de los lugares más concurridos del parque.
Búsqueda, Angustia y el Macabro Hallazgo

La denuncia de su desaparición activó de forma inmediata un despliegue sin precedentes. Familiares, amigos, voluntarios, grupos de rescate especializados (como el Grupo Rescate Caracas) y diversas autoridades policiales iniciaron una operación de barrido sistemático por las laderas, senderos principales y trochas secundarias de la montaña.
Durante varios días, la ciudad entera se mantuvo en vilo, siguiendo minuto a minuto los reportes de los noticieros, aferrándose a la esperanza de encontrarla con vida, quizás desorientada o lesionada tras una caída.
No obstante, el desenlace fue el peor de los imaginados. Días después de iniciada la búsqueda, el cuerpo sin vida de Marisol fue hallado en una zona boscosa, apartada del sendero principal de Sabas Nieves, oculta entre la densa vegetación, con un estado avanzado de descomposición, lo que alertó a un peatón y quién dio parte a las autoridades.
Por otro lado, las evidencias fueron claras y escalofriantes: la joven había sido víctima de un ataque sumamente violento. El hallazgo no solo confirmó la tragedia, sino que abrió la puerta a un escenario de terror que la ciudad no estaba preparada para afrontar.
El Fin de un Refugio Seguro: El Impacto Psicológico
El asesinato de «La modelo del Ávila» fue un punto de inflexión en la sociología urbana de Caracas. Durante años, la ciudad había estado lidiando con un aumento sostenido en las tasas de criminalidad, pero existía una especie de pacto no escrito en el imaginario colectivo: la delincuencia se quedaba en el asfalto. El Ávila era intocable.
Asimismo, la muerte de Marisol rompió esa ilusión de tajo. De la noche a la mañana, el santuario se convirtió en una escena del crimen. El impacto psicológico fue devastador.
Por su parte, las personas dejaron de ver la montaña como un lugar de esparcimiento para percibirla como una trampa mortal. La afluencia de visitantes a Sabas Nieves y otras rutas del parque cayó a niveles históricos.
De esta forma, el caraqueño sintió que le habían arrebatado el único espacio seguro que le quedaba en su propia ciudad.
La Psicosis Colectiva y el Mito del «Monstruo de El Ávila»

Como suele ocurrir cuando un crimen de alto impacto queda envuelto en el misterio, la prensa de sucesos —muy influyente en la Venezuela de los años 90— comenzó a jugar un papel determinante. La brutalidad del ataque y el entorno solitario donde ocurrió dieron pie a un frenesí mediático.
Rápidamente, los titulares comenzaron a especular sobre la existencia de un depredador serial, un hombre salvaje o un psicópata que acechaba a mujeres vulnerables entre los árboles.
De igual forma, nació el apodo del «Monstruo de El Ávila». Esta narrativa, alimentada por el miedo genuino de la población, desató una paranoia generalizada. Cualquier ruido extraño en la maleza o la presencia de indigentes en las faldas de la montaña era motivo de pánico y reportes policiales infundados.
Una Investigación Cuestionada: Presión y Sombras
La responsabilidad de resolver el caso recayó sobre los hombros del Cuerpo Técnico de Policía Judicial (la antigua CTPJ, hoy conocida como CICPC). La presión pública sobre el gobierno y las fuerzas de seguridad era asfixiante; la sociedad exigía respuestas inmediatas y la captura del «Monstruo».
Durante las semanas siguientes, las autoridades realizaron múltiples operativos y detuvieron a varios sospechosos. La mayoría de ellos eran hombres en situación de vulnerabilidad, personas en situación de calle que pernoctaban en los linderos del parque o individuos con antecedentes menores que frecuentaban la zona.
No obstante, la investigación pronto se vio ensombrecida por duras críticas. Periodistas de investigación y expertos en criminalística señalaron graves inconsistencias en el manejo del caso: desde la contaminación inicial de la escena del crimen, hasta la falta de pruebas concluyentes contra los detenidos.
Por otro lado, en opinión de muchos sectores de la opinión pública, los arrestos parecían responder más a la necesidad política de mostrar resultados rápidos y presentar «chivos expiatorios» para calmar la indignación social, que a una verdadera resolución científica del asesinato.
¿Quién es Víctor Colmenares Lupión?

Tras largas investigaciones dieron con Víctor Colmenares Lupión: que según las invstigaciones era un criminal frío y calculador, hablaba algo de inglés y se hacía pasar por estadounidense para contratar a trabajadoras sexuales.
Después de que tenían relaciones se negaba a pagar amenazando con matarlas, para ello sacaba su colección de navajas.
Lupión quedó en manos de la justicia y fue condenado a pena máxima, cumpliendo 18 años, saliendo bajo régimen de presentación y por mostrar “buena conducta”.
Sin embargo, en el año 2011, fue acusado de presunta violencia doméstica contra una mujer en Caracas, siendo capturado y llevado a las autoridades, donde volvió a salir en libertad.
Recientemente, fue entrevistado por el periodista Luis Olavarrieta en su canal de YouTube donde detalló aspectos de aquel crimen que cegó la vida de la joven modelo.
Un Legado de Misterio en la Historia Venezolana
A más de tres décadas de distancia, el caso de Marisol Da Silva Vieira sigue siendo una herida abierta en la memoria de Caracas. Aunque el tiempo ha logrado que los caraqueños recuperen su montaña y los senderos vuelvan a estar llenos de vida, el recuerdo de la tragedia perdura.
Hoy en día, el caso de «La modelo del Ávila» es revisitado constantemente en foros de misterio, canales de YouTube dedicados a la crónica negra y artículos de retrospectiva histórica.
Representa uno de los episodios más tétrico de la década de los noventa, un recordatorio de la vulnerabilidad humana y un sombrío testimonio de cómo un solo evento violento tiene el poder de transformar para siempre la relación de toda una ciudad con su entorno natural.